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miércoles, 6 de abril de 2011

Tengo una pregunta para el secretario general de la CTC

El Foro Santo Tomás Moro es una iniciativa de la Delegación de Relaciones Sociales de la CTC que a lo largo de los últimos años se ha ganado un buen prestigio como punto de encuentro virtual “para católicos con vocación política”. En el pasado mes de diciembre, inicié un “hilo” en ese foro bajo el televisivo encabezamiento de “Tengo una pregunta para el secretario general de la CTC” con la sana intención de aclarar dudas y dar la cara. No he pretendido con mis respuestas ser un oráculo del carlismo sino, sencillamente, responder a la obligación que tengo de dar razones, en nombre propio y de la Junta de Gobierno.

El primer forista en intervenir me preguntaba por las relaciones que desde la Comunión mantenemos con otros grupos autodenominados carlistas y si las diferencias eran muchas, pocas o insalvables.

Mi respuesta fue la siguiente:

“A todos nos gustaría que hubiera una única organización carlista, lo más grande y fuerte posible. El problema es que la unidad, si no se hace asegurando con prudencia los elementos comunes, se convierte en pan para hoy y hambre para mañana. En 1986, pronto hará 25 años, fue un logro importante que un buen número de carlistas (encuadrados en la Comunión Tradicionalista, en Unión Carlista, en la Comunión Católico Monárquica y otros "independientes") decidieran reconstituir la Comunión en torno al ideario de siempre para tratar de superar de esta forma, al menos en la acción política cotidiana, la lamentable orfandad dinástica.

En el momento actual, si no existe un diálogo en proceso, al menos sí puedo decir que permanecen abiertas varias vías de comunicación tanto con el Partido Carlista como con la Secretaría Política de don Sixto.

Ideológicamente tenemos grandes problemas para entendernos con el P.C. Ha pasado tanto tiempo desde la ruptura doctrinal de don Carlos Hugo que se ha ido gestando una especie de pequeña tradición heterodoxa "socialista-autogestionaria-federalista" cada vez más incompatible con el carlismo de Dios, Patria, Fueros, Rey. Me temo que la única posibilidad de encuentro con ellos, al menos por el momento, está en el campo del recuerdo histórico.

En cuanto a la secretaría de don Sixto no se puede decir que tengamos diferencias doctrinales graves con sus seguidores. El problema está por un lado en su apuesta por la persona de don Sixto, que presentan no se sabe muy bien si en calidad de Rey, de abanderado o de regente, ignorando que la inmensa mayoría de los carlistas, especialmente aquellos que le han conocido personalmente, no confían en él. Por otra parte tampoco compartimos con ellos su opción de incluir como si fuera parte del programa político de los carlistas -o como si el carlismo hubiera de ser el brazo político del lefevrismo- una crítica frontal al Concilio Vaticano II. Por último, pero no menos incómodo a la hora de pensar en una mejora de relaciones, está el hecho de que insisten en utilizar -aunque sólo en internet- nuestro nombre (Comunión Tradicionalista) lo cual crea una confusión innecesaria.

En fin, ésta es a mi juicio la situación. La unidad imperfecta de los que se llaman carlistas nos preocupa, pero en ningún caso nos agobia. Porque al fin y al cabo el objetivo del carlismo no es la unión de los carlistas sino el servicio a Dios y a España. Tengamos amplitud de miras. Trabajemos por promover la unidad de todos los españoles en torno al Ideario de Dios, Patria-Fueros, Rey, verdadero esquema constitucional de la España tradicional. Solo así, en la acción, como bien dice el Oriamendi, "lucharemos todos juntos en unión".

A continuación van algunas otras respuestas. El contenido íntegro, así como la posibilidad de hacer más preguntas está en: www.forotomasmoro.org


**** SOBRE LOS PRINCIPIOS NO NEGOCIABLES (vida, familia, libertad y bien común)

Lo primero que hay que decir es que al referirnos a ellos estamos hablando exclusivamente en el plano electoral. Nosotros consideramos que la vida política no puede reducirse al marketing de maquinarias electorales. Por tanto la tarea en el día a dia de la Comunión no se limitará nunca a esos cuatro principios mínimos. Nuestros propios principios no negociables son los de siempre: Dios, Patria, Fueros, Rey.

Ahora bien, la estrategia electoral de los principios no negociables nace al constatar que los católicos españoles, en general, no estamos aprovechando bien los medios que el sistema ofrece. La prueba es que después de décadas de régimen constitucional no existe ningún grupo político con representación parlamentaria que respete con coherencia ni siquiera esos cuatro valores mínimos. Nosotros mismos, al igual que otros grupos, hemos utilizado algunas convocatorias electorales para hacer propaganda. Pero lo que la inmensa mayoría de gente espera no es propaganda sino elección. Cuanto tú te presentas "solo para hacer propaganda" la gente lo nota y es entonces cuando vota al "mal menor" porque a nosotros ni siquiera nos considera como una opción elegible.

En este contexto, el llamamiento de Benedicto XVI a defender como mínimo los principios no negociables ha sido providencial. Es verdad que hasta el momento no hemos logrado ningún fruto, pero en las últimas elecciones europeas nos acercamos bastante y lo vamos a seguir intentando. Si no salió adelante lo de las europeas fue por la negativa del PFyV y de SAIn a entrar en el proyecto y por la labor de zapa que desde algunos medios amigos del PP hicieron al dar cancha al irlandés Declan Ganley y su partido europeo "Libertas" que al final se presentó en coalición con Ciutatans.

En cualquier caso, nosotros pensamos que una simple coalición de los grupos que tenemos miles de votantes (CTC, AES, PFyV, SAIn...) no sirve para el objetivo propuesto que es empezar a colar voces amigas en las instituciones. Para ello hará falta pasar a los cientos de miles de votos. Con proyectos partidistas, sin dinero y sin medios de comunicación favorables, no vamos a ningún lado. Para ir a la lucha electoral sin alcanzar representación es mejor que nos presentemos por separado. Necesitamos, por tanto, además del apoyo de varios grupos políticos, el compromiso de personalidades independientes, caras conocidas, que se atrevan a dar el paso y faciliten llegar a la
opinión pública.


**** SOBRE ALGUNAS TENTACIONES DEL CARLISMO.

SI. HAY QUE ACTUAR YA. Hola Ignacio... me alegra que me hagas esta pregunta. Tienes parte de razón en tu crítica porque a veces los carlistas, tal vez impresionados por la grandeza de la herencia recibida, tenemos miedo de sacarla a la calle no vaya a ser que se manche con el barro. Pero claro, esa actitud no es carlista sino más bien "carlistista", es decir, que sería algo así como considerar al carlismo una pieza de museo, valiosísima, pero inútil.

Otra tentación -mucho peor porque nos convierte en un juguete de los conservadores- es la que considera al carlismo una especie de "guardia civil-civil" que ahora se mantiene en las brasas pero que volverá a salir a la calle "cuando se nos necesite".

Creo que estamos de acuerdo en cuál es la actitud correcta: hay que actuar ya. Cada uno en la medida de sus posibilidades, sin esperar a que seamos muchos, o ricos, o famosos. Es cierto que la calle está vacía (a lo mejor porque pasamos demasiado tiempo en internet, por cierto ) así que salgamos sin miedo que tenemos mucho por hacer.


**** SOBRE LA COMUNION AMPLIA Y LA CTC PARTIDO

Nosotros siempre hemos dicho que el carlismo es algo más que un partido. Lo que sucede es que el estado de nuestra organización política allá por los años 80 era tan débil que desde los Congresos de la Unidad se prefirió trabajar preferentemente en el fortalecimiento de la CTC como núcleo político. Ello ha supuesto un cierto abandono en el campo social o asociativo que estamos tratando de corregir en los últimos años con la creación o promoción de asociaciones y círculos. De hecho el proyecto de la Liga Tradicionalista, aprobado en el XI Congreso del pasado mes de mayo, va en esta línea de dotar al proyecto político tradicionalista de un "colchón" social favorable.

Por suerte o por desgracia la denominación de CTC está desde 1986 vinculada a la dirección política y electoral que es la CTC como partido. En teoría -en mi opinión personal- sí que sería bueno ceder el nombre de CTC al conjunto social pero en la practica me temo que eso resultaría muy complicado. Por eso, en principio, la CTC seguirá siendo el "partido" mientras que la Liga Tradicionalista tendrá que ir tejiendo esa red social que cada vez es más necesaria.

Por cierto, no estoy de acuerdo en que Comunión Tradicionalista Carlista sea un nombre mucho más raro, más largo o más antiguo que otros bastante exitosos como por ejemplo el de esos dos grupos que están sacando adelante los presupuestos generales del estado: Partido Socialista Obrero Español y Eusko Alderdi Jeltzalea – Partido Nacionalista Vasco.

Con un poco de dinero para marketing electoral se pueden hacer maravillas.

En cuanto a las pegas que despierta nuestra denominación en el plano electoral estoy seguro que por un lado se pueden superar teniendo una buena base social, y también avanzando en el proyecto de los principios no negociables. El mundo de marketing electoral ofrece muchos ejemplos de "marcas electorales" que no tienen por qué coincidir con la denominación oficial del partido político que las promueve.


**** SOBRE ELECCIONES MUNICIPALES

Lamentablemente, a día de hoy no tenemos confirmada ninguna candidatura con las siglas de la CTC en las elecciones municipales. La presentación de una candidatura municipal exige que haya un equipo de trabajo local que tenga un conocimiento suficiente de los problemas y necesidades de ese municipio concreto, así como una base social suficiente como para obtener algún concejal.

Por otra parte la presentación puramente propagandística en este tipo de elecciones, sin esperanzas de obtener representación, no nos parece demasiado interesante.

Dicho esto es importante recordar que desde la Comunión siempre hemos animado a todos nuestros afiliados y simpatizantes a que participen y se impliquen en la vida social y política más cercana. Ello supone también el apoyo y participación activa de todos los tradicionalistas en aquellas listas verdaderamente independientes -que las hay, especialmente en municipios pequeños- en las que se busque una política municipal libre de prejuicios ideológicos y centrada en los problemas reales de los vecinos.


**** SOBRE RECOMENDACION DE UN LIBRO PARA ACERCARSE AL CARLISMO:

Hay muchos recomendables pero la novedad de este año, el grandísimo libro "Requetés, de las trincheras al olvido", sirve para entrar en el conocimiento del carlismo por la puerta grande.


**** SOBRE LA FALTA DE CONFIANZA EN DON SIXTO

He dicho sobre don Sixto, efectivamente, y es un dato objetivo a tener en cuenta, que "la inmensa mayoría de los carlistas, especialmente aquellos que le han conocido personalmente, no confían en él". Y tiene razón el opinante al decir que para un monárquico esa no es razón suficiente para rechazar o aceptar la legitimidad de nadie. Pero es que además y antes que eso he dicho también que quienes presentan a don Sixto no se sabe muy bien si lo hacen "en calidad de rey, de abanderado o de regente". Don Sixto es un hombre soltero, de edad avanzada, sin descendencia, enfrentado a su familia, y alejado políticamente de la mayoría de los carlistas. Es duro tener que decir esto, pero es la verdad. ¿Qué esperanza puede ofrecer a los españoles?


**** SOBRE LA CUESTION DINASTICA

En este asunto tan delicado hay que hilar fino pero espero saber expresar a continuación no mi opinión personal sino la de la CTC como grupo y más concretamente la de mis compañeros de la Junta de Gobierno. Si yerro en algo no tendré ningún problema en rectificar lo que sea necesario.

Como es bien sabido el fallecimiento sin descendencia del Rey Alfonso Carlos I abrió en el seno del legitimismo español una crisis sin precedentes que, de hecho, no pudo ser resuelta ni por la Regencia de don Javier, ni menos aún por sus hijos don Carlos Hugo o don Sixto.
Tampoco por otros grupos minoritarios como el octavismo o la regencia de Estella. Ante esta situación, hubo -y hay- carlistas que consideran que lo único que resta a un carlismo descabezado es retirarse a casa para morir de viejo, arropado con el recuerdo y la nostalgia de lo que fuimos. Por contra, los carlistas que reconstituyeron la Comunión en aquel Congreso providencial de 1986 pensaron -de acuerdo con el mandato dado por Carlos VII en su Testamento político- que su responsabilidad era mantener al carlismo vivo, en torno a las banderas de siempre. Por eso se decidió entonces dejar aparcada la cuestión dinástica. Porque no se sabía o no se estaba de acuerdo en quién era el Rey, pero al menos si que estaba claro quién NO era el rey legítimo.

Y ahora... ¿estamos buscando al rey? Pues sí y no. Sí, porque ni aquel Congreso de la Unidad, ni la CTC en todos estos años, han cerrado nunca la puerta a la posibilidad de encontrarlo. Y no, porque los desengaños sufridos por el pueblo carlista nos obligan a ser extremadamente cautos.

Nuestra actitud hacia la familia Borbón-Parma, -como hacia cualquier otra familia que pueda reclamar para sí los derechos de la legitimidad-, quiere ser ante todo de respeto, y también de comprensión ante la dificultad evidente que supone asumir como Dios manda una carga tan pesada. Entiendo que esta posición de la CTC pueda parecer a algunos un tanto pasiva o tranquila. Queremos que nos conozcan -en esa línea va alguno de los contactos habidos-, pero no tomamos la iniciativa. El tiempo dirá si esta estrategia es o no acertada. En cualquier caso lo que pretendemos es ser muy realistas... en todos los sentidos de la palabra.


***** SOBRE EL COOPERATIVISMO DE RAIZ CATOLICA

Cualquier carlista, y de hecho cualquier católico que se tome en serio la Doctrina Social, entiende que las cooperativas (igual que otras instituciones, como las cajas de ahorro, nacidas para paliar las consecuencias desastrosas del liberalismo) son un modelo a estudiar, recuperar, actualizar y defender. Porque potencian la justicia y el equilibrio social; porque premian la solidaridad y los valores comunitarios sin negar la propiedad privada y el valor del esfuerzo personal; porque generan empresas arraigadas, beneficiosas para todo un territorio, difíciles de "deslocalizar" y hasta porque son en general más ecológicas. Además no se trata de una bella teoría sino que hay ejemplos bien patentes de empresas exitosas y que han hecho mucho bien a mucha gente.

Ahora bien, es evidente que muchas de las cooperativas católicas nacidas a finales del XIX y principios del XX (gracias en muchos casos al esfuerzo de carlistas) han perdido hoy el rumbo y hasta su mismo espíritu cooperativo. En gran medida porque han dejado de ser verdaderamente católicas. Poniéndonos un poco solemnes podríamos decir que han dejado de buscar "el Reino de Dios y su justicia..." . Por eso muchas han acabado convertidas de hecho en sociedades anónimas, con unos asociados que no participan, y con unos gerentes que se aprovechan de la pasividad de los socios para llevar las empresas con criterios puramente economicistas, cuando no especulativos.

No conozco demasiado el caso del grupo Mondragón, pero intuyo que su crecimiento desmesurado, unido a una innegable contaminación de nacionalismo vasquista, ha venido a ocupar el hueco que nunca debió dejar vacío el auténtico cooperativismo católico.

Toda esta historia del nacimiento, auge y adulteración de las obras sociales católicas nos demuestra que en esta vida no se puede dar nada por hecho o "atado y bien atado". Cada generación tiene la responsabilidad de mejorar la tradición recibida y a nosotros posiblemente nos toque, más que tratar de enderezar instituciones viejas, empezar algunas otras nuevas desde su base.

Estas son algunas ideas que me sugiere la pregunta a título personal. De todas formas invito a todos los interesados en el tema a que participen el próximo verano en los Cursos del Foro Alfonso Carlos I que se celebrarán en el mes de septiembre de 2011 en Toledo, porque precisamente se van a dedicar de forma monográfica a analizar cuestiones económico-sociales.


**** SOBRE POLITICAS ENERGÉTICAS

Empezando por tu última pregunta te diré que efectivamente, "quizá esto (el proponer a los españoles un plan energético nacional) escapa a nuestro cometido". Desde nuestra situación actual, al tratar de concretar demasiado posibles medidas de gobierno podríamos caer en la demagogia. En este como en cualquier otro asunto administrativo debemos siempre recordar que el objetivo de los carlistas, al revés que todos los demás "partidos", no es que gobiernen "los nuestros" sino los mejores y con la mayor imparcialidad posible. ("... que venga el Rey de España a la Corte de Madrid").

En lo que estamos todos de acuerdo es en señalar que la dependencia energética de España es, para cualquier gobierno, un problema prioritario que hay que resolver. En este sentido, en la última redacción de nuestro programa político, hemos incluido una referencia a las centrales nucleares. No tiene sentido que por purismo ecológico nos neguemos a que existan en España y que sin embargo estemos comprando energía de origen nuclear a Francia, que tiene varias centrales a pocos kilómetros de nuestra frontera. Por otro lado la energía cuesta lo que cuesta y es bueno que el consumidor final, empresa o particular, sea consciente de ello. La subvención de la energía enmascara la realidad y no puede ser buena para un desarrollo armónico de la actividad económica.


**** SOBRE LA HERMANDAD CON PORTUGAL

Empezando por las raíces comunes, y sin querer hacer historicismos de ninguna clase, no olvidemos que Portugal fue parte de la Hispania romana, que compartió con otros pueblos peninsulares el dominio de los suevos y los visigodos, que junto con el resto de Hispania sufrió la invasión musulmana y los largos avatares de la Reconquista, que en su origen fue un condado perteneciente al reino de Asturias-León. Que hasta mediados del siglo XII no se consolida como un reino independiente. Que más adelante vivió aún sesenta largos años compartiendo reyes (Felipe II, Felipe III y Felipe IV) con los otros reinos hispánicos. Desde entonces España y Portugal han vivido dándose la espalda, y este alejamiento se hizo más profundo con la consolidación de los estados-nación liberales.

La propuesta carlista de "federación" con Portugal se enmarca, como bien apuntas, en una unidad más amplia que es la de todos los países hispánicos. Los carlistas quisiéramos que aquella gran confederación de "repúblicas" que fue la Monarquía Católica volviera a renacer con el mismo espíritu, aunque las formas fueran diferentes hoy en día. A veces desde el entorno tradicionalista se oye hablar con cierta envidia de la Commonwealth británica y es que hay que reconocer que
dentro de su típico sentido práctico los ingleses lo han sabido hacer bastante bien al mantener una estructura de asociación política, cultural y económica presidida por la reina de Inglaterra. Ojalá pudiera existir también algo parecido -y mejor- para España, Portugal, Hispanoamérica, Filipinas y todos los antiguos territorios hispanoportugueses de Africa, Asia y Oceanía.

En cuanto a nuestra relación con miguelistas portugueses existen contactos con particulares, pero como bien sabes lamentablemente no hay en Portugal un grupo político que pueda ser equiparable a nuestra CTC.  

PUBLICADO EN AHORA INFORMACION. NUMEROS 108 Y 109.

jueves, 11 de marzo de 2010

CONFERENCIA EN OVIEDO. AHORA INFORMACION: LA OPINION CARLISTA

CONFERENCIA EN OVIEDO
AHORA INFORMACION: LA OPINION CARLISTA


+ Oviedo, 11 de marzo de 2010

Les parecerá una observación muy extraña pero a mí las cosas me suelen pasar por duplicado. Soy la única persona que conozco que las dos únicas veces que se le ha llevado el coche la grúa han sido dos días seguidos. Otra vez que estuve en Oviedo solo ante el peligro dando una especie de conferencia fue para sustituir a Javier Barraycoa, el anterior director de la revista AHORA, cuando tuvo no se qué problema logístico con el avión. En esta ocasión realmente estoy representando a Evaristo Palomar, responsable actual de la revista que hoy queremos presentarles. El podría haberles ilustrado de primera mano y mucho mejor que yo sobre qué es lo que está pasando en España. … Pero no se vayan. porque lo que yo les puedo contar es más o menos lo mismo que poco a poco va desarrollando la revista AHORA aunque lo haga con un matiz menos periodístico y más político como corresponde a mi cargo en la junta de gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista. Más que contar qué es lo que está pasando les contaré lo que quiero que pase. Les diré algunas cosas sobre los carlistas y sobre la opinión carlista acerca del presente y del futuro de España: por qué nos definimos como un grupo político católico; o por qué creemos que este sistema llamado democrático es realmente una farsa en la que no existe verdadera representación; o por qué a pesar de todo seguimos siendo monárquicos.

Que le inviten a uno a hablar sobre la revista AHORA INFORMACION es como que te pidan que hables de todo. A lo largo de sus más de 100 números, como podrán Vds. suponer, por las páginas de Ahora han desfilado toda clase de acontecimientos y debates, los hechos históricos de los últimos años y los enfrentamientos profundos entre concepciones de la vida que de forma sorda pero real se producen por debajo de la maraña de las pequeñas noticias del telediario.

Pero para no hablar de todo, que al final es como hablar de nada, trataré de situar en el mapa a nuestra revista por tres elementos que la definen como: una revista de actualidad, con una preocupación política y una opinión carlista.

AHORA es una revista de actualidad aunque sea de actualidad bimensual. Al principio nos hubiera gustado que AHORA fuera una revista semanal o incluso un periódico diario, pero hay que ser realistas y aceptar las propias limitaciones tratando de aprovechar al máximo los recursos con los que se cuenta en cada momento. El hecho de que AHORA sea una publicación bimensual nos permite ir mejor a la raíz de las cosas sin perdernos en la confusión de las noticias diarias. -Esto es lo que se dice hacer de la necesidad virtud ¿no?- Pero es que es la verdad: al ofrecernos una fotografía de cómo está el patio cada 60 días, gracias a AHORA descubrimos de manera nítida qué es lo que se ha movido y qué es lo que realmente está pasando.

Por otra parte AHORA es una revista política. Hoy en día la política está sobredimensionada. A veces da la sensación de que todo es política. El cine es política, las discusiones de pareja son política, los curas no pueden decir nada porque entonces se les acusa de hablar de política, hay políticas educativas, culturales, lingüísticas, de comunicación, mentales y hasta para respirar. El Estado y sus políticos quieren regularlo todo, controlarlo todo, mangonearlo todo, decidir sobre todo. Al final me temo que querrán hacer leyes hasta para regular la amistad. Y cobrarán más impuestos a los que tengan más amigos, ya lo verán Vds. Como si fuera la peor y más cotilla de las vecinas la administración se cuela por todos los resquicios de la vida social e individual y de hecho impone, como si fueran dogmas religiosos, las ideologías de moda, como la ideología de género, por ejemplo.
Nosotros los carlistas no negamos la importancia de la política, animamos a todo el mundo a interesarse por las cosas de la vida pública y tratamos de descubrir y enganchar a jóvenes con vocación política pero no endiosamos a la política, porque sabemos que existen cosas más grandes, más trascendentes, más elevadas, más importantes que la política como la religión, o la familia, o la cultura.
AHORA información habla sobre política en el sentido más extenso de la palabra, opinando sobre todo lo que pasa desde que uno sale de casa hasta que entra en el templo, pero si leéis AHORA INFORMACIÓN veréis como en el fondo la mayor parte de las veces en que a los carlistas se nos pregunte una opinión concreta sobre la política cotidiana acabaremos apelando a la libertad de la gente. A veces parecerá que es que no nos mojamos pero es que es absurdo, y presuntuoso, e imposible tener una opinión cerrada sobre todo. La política no puede consistir en que hay unos políticos que te dan todo resuelto, que te dan de comer a la boca y te hacen la cama, sino en la libre convivencia entre buenos vecinos dentro de un marco de valores compartidos.

En tercer lugar, AHORA es una revista carlista, editada por la Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista. Eso quiere decir que pertenece a la familia política carlista, que como bien saben Vds. es un partido político pero que es algo más que un partido político. El punto de vista carlista no se acompleja si tiene que contrastar sus opiniones con las del liberalismo, o con las del marxismo o con cualquier otra teoría política de tipo ideológico. Es importante aclarar que el carlismo no es una ideología. El fundador del carlismo... no existe. Los carlistas, lo único que hemos pretendido siempre, es continuar, mejorando en lo posible, el pensamiento político de la tradición española. Por eso nos llamamos también tradicionalistas en política. Porque estamos seguros de que si los luchadores de la reconquista, los organizadores del reino de Asturias, los inventores de las cortes, los creadores de la familia católica y del derecho internacional, los conquistadores y evangelizadores de América, los constructores de los templos y las plazas de España, los sublevados contra la revolución francesa y contra Napoleón... si todos ellos se pusieran hoy en día a buscar un heredero en el panorama político lo encontrarían, seguro, en esta humilde Comunión que es el carlismo, que contra viento y marea sigue manteniéndose fiel al lema natural y quijotesco de la España de siempre: por Dios, por la Patria y por el Rey.


Volviendo a la revista AHORA os puedo decir que no es fácil para una publicación de sus características, no profesional, basada en un trabajo de voluntarios, mantenerse a lo largo de más de cien números, autofinanciarse, y contar con un millar de suscriptores fieles. En todo este tiempo se ha mantenido y crecido gracias al trabajo y a la generosidad de tres directores que son Javier Barraycoa, Carlos Ibáñez y Evaristo Palomar, pero además gracias al apoyo de todos los suscriptores y a un buen número de colaboradores. El resultado es que AHORA INFORMACION es una revista seria, fiable, rica en artículos bien escritos y profundos. Naturalmente siempre incluye algunos otros más ligeros, entrevistas, crónicas, etc. pero la verdad es que es una revista prestigiosa, más bien para mayores, es decir, para lectores con un mínimo de formación.

Como verán estoy tratando de hacer una buena publicidad de la revista para que aquellos de ustedes que todavía no están suscritos soliciten el envío gratuito de tres números en promoción.


Pero además de para vender revistas me gustaría aprovechar esta estancia en Oviedo para ponerme a su disposición si es que quisieran hacer alguna pregunta o pedir alguna explicación sobre esta organización que es la Comunión Tradicionalista Carlista que como sabéis preside vuestra paisana María Cuervo-Arango y de la que yo tengo el honor de ser secretario general. Me podéis preguntar, por ejemplo, ¿cuántos sois, cuánto cobráis por vuestro cargo, qué va a pasar en las próximas elecciones, por qué os cae mal ZP, por qué no os fiais de Rajoy, etc.?

O, como decía al principio, tal vez podría tratar de explicarles
por qué nos definimos como un grupo político católico;
o por qué creemos que este sistema llamado democrático es realmente una farsa en la que no existe verdadera representación;
o por qué a pesar de todo seguimos siendo monárquicos.

La CTC es un grupo político confesional católico. Es decir, que es un grupo político formado por laicos católicos que estamos convencidos de que la vida comunitaria de los pueblos, la vida social y por tanto autoridad política no puede actuar como si Dios no existiera porque entonces, si Dios no existe, sólo cuenta lo que se publica en el Boletín Oficial de Estado y entonces ¡ay de los débiles!. Yo no niego que pueda haber católicos sinceros en otros partidos pero lo cierto es que el sistema político actual no está pensado para políticos-Crusoe que vayan por libre. El sistema actual se basa en los partidos, en las candidaturas cerradas y bloqueadas, en los grupos parlamentarios. Los comités de los partidos se rigen por ese lema solemne que dice: “El que se mueva no sale en la foto” así que si Vd. es un político católico dentro de un partido no católico, una de dos: o actúa como si no fuera católico para conservar el puesto, o se deja utilizar por el mismo partido cuando le interesa, como cebo vivo, para pescar a los votantes católicos. Nosotros pensamos que en cualquier circunstancia, pero mucho más en un sistema como el actual, es lógico y bueno que los políticos católicos actúen agrupados. Eso no significa que todos tengan que pensar en todo lo mismo - de hecho podría haber varios partidos políticos católicos que discreparan en cuestiones opinables- lo que pensamos es que si los que defienden lo mismo para la vida, la familia, la libertad o el bien común actuasen unidos perderían menos el tiempo y harían mucho bien.

La CTC es un grupo político que no cree en el sistema actual. Es más, pensamos que el sistema es el problema. Este sistema que llaman democrático en realidad es partitocrático. ¿Quién manda realmente en las decisiones públicas? En los ayuntamientos, en las universidades, en los sindicatos, en los jueces... al final quien tiene la última palabra es el comité del partido gobernante. Es decir, el comité del partido que más dinero ha invertido en la campaña electoral. ¡Qué casualidad! Los dos partidos que más dinero invierten en la campaña electoral son los partidos que más votos sacan. ¿No les parece una casualidad extrañísima? A mi lo que me parece es que esto no es una democracia porque el pueblo no pinta nada. Esto es una plutocracia porque al final, el que pincha y corta, es el que tenga más dinero. Por otra parte es evidente que los políticos del sistema están cada vez más alejados de la realidad que dicen representar. Viven entre moquetas, entre coches oficiales y guardaespaldas, con unos sueldos y dietas tentadores, y repartiendo subvenciones a los amigos para garantizarse el voto de los estómagos agradecidos. Cada vez se parecen más a aquella nobleza decadente que fue barrida por la revolución francesa. El sistema político actual es una farsa, un teatro en el que los grandes partidos comparten una misma idea de qué cosa es el progreso. Tanto para el PP como para el PSOE progreso es, por ejemplo, que en una familia media española la madre se vea obligada a trabajar fuera de casa, que el padre se atonte lo más posible con la telebasura (o que simplemente, no exista, como en el caso del padre de la hija de esa mujer rara llamada Dolores de Cospedal), que los jóvenes se junten únicamente con los jóvenes, que los niños pasen el día en la guardería, y que los ancianos se queden todo el tiempo en el asilo o en “centros de día”, con otros ancianos. Es decir, vida familiar cero. Y que nadie piense que este panorama familiar es fruto de una decadencia histórica inevitable. No señor. Es la consecuencia directa de una legislación que considera a la familia tradicional como un atraso histórico. Y esa legislación (divorcio, aborto, educación para la ciudadanía, leyes audiovisuales y educativas, de género o de dependencia) está aquí porque ha sido aprobada o mantenida por el PSOE y por el PP.
En definitiva, los españoles están secuestrados -y no saben cómo escapar- en un sistema político cerrado que trata de imponer la ideología relativista. En la CTC tenemos muy claro que hay que romper con el sistema. Con prudencia, con cabeza, pero hay que romper.

Y permítanme un comentario sobre la cuestión monárquica. Los carlistas somos posiblemente el único grupo político monárquico que existe en España. Claro que lo que nosotros defendemos es la monarquía tradicional y no esta monarquía de opereta en la que alguien que se hace llamar rey, soberano y monarca no tiene libertad ni siquiera para firmar o dejar de firmar leyes gravísimas que en teoría chocan frontalmente con su presunto catolicismo y españolidad. Don Juan Carlos acaba de firmar la nueva ley del aborto pero siento recordarles que antes ya firmó la ley del 85 que ha provocado la muerte de más de un millón de inocentes, y las leyes del divorcio que tanto dolor y tantísimos matrimonios nulos han causado, y las de manipulación de embriones, y las leyes de educación que tienen contra las cuerdas a los colegios católicos, y las de las parejas de hecho o el llamado matrimonio homosexual, y todas las leyes que han dado alas a los partidos separatistas, etc. Una de dos, o don Juan Carlos ha firmado convencido de hacer lo correcto o ha firmado sin libertad, como si fuera un esclavo de lujo. Ninguno de estos dos casos parece el más deseable para un rey de España. ¿No les parece sintomático que la única frase histórica de don Juan Carlos en los últimos años haya sido esa de “¿por qué no te callas?”?. Me temo que cuando la dijo le salió el subconsciente porque al parecer está cómodo en su papel de “rey mudo” como si dijera: “¿por qué no te callas igual que hago yo?”. La situación de la monarquía es pues bastante ridícula y que no se diga que no lo advertimos. Hace ya 175 años que lo llevamos advirtiendo. Que un rey de verdad es el que culmina una estructura política estable, salvándola de los vaivenes partidistas. Y que lo peor que le puede pasar es que se convierta en un instrumento al servicio de la revolución para ayudar al sistema, dándole una apariencia respetable, a poner la tradición española patas arriba. Alguno pensará que defender una monarquía es mucho menos democrático que defender la Constitución. Pero les hago una reflexión: abran la página de esquelas de La Nueva España y verán que está llena de difuntos votantes del referendum constitucional de 1978. Cada vez hay un mayor número de españoles que no tuvieron la oportunidad de decir nada sobre eso que los partidos del sistema llaman “la Constitución que nos hemos dado los españoles”. Yo tengo 40 años y era menor de edad en el 78 así que háganse una idea. Es lo mismo, exactamente lo mismo que podían plantearse los españoles del siglo XVI. También a ellos pudieron decirles -y con más razón que con la constitución del 78- que la monarquía era “la monarquía que nos hemos dado los españoles”.



En definitiva, con este bagaje y con estos argumentos nos presentamos los carlistas en pleno siglo XXI. Y hacemos nuestra revista y seguimos trabajando, escribiendo, tratando de convencer a los que hacen que hagan bien y los que no hacen que hagan.
La Comunión Tradicionalista Carlista está en los últimos años trabajando de forma seria y esperanzada por la unidad, pero no una esa unidad del miedo “a los rojos” que ofrece el PP. Es una unidad en positivo para la que ha sido providencial el planteamiento de los cuatro valores no negociables definidos por el Papa Benedicto XVI.
Esto daría para otra conferencia así que voy concluyendo y dejo este u otros asuntos que les puedan interesar para tener con Vds. unos minutos de coloquio.

Muchas gracias.


Javier Garisoain

Secretario General de la CTC

viernes, 2 de octubre de 2009

Insumisión, objecion y fuero. X Congreso Católicos y vida pública 2009

Insumisión, objecion y fuero. 
X Congreso Católicos y vida pública 2009

En este mundo no hay nada perfecto. Y no digamos en el submundo de las cosas políticas. Pero dentro del conjunto de circunstancias provisionales que convierten la res publica en una plataforma inestable hay grados. La objeción de conciencia es siempre cosa buena y merecedora de aplauso por muchas razones, tanto en su versión más ligera, cuando encuentra un fácil acomodo en el sistema, como cuando, de forma heroica, roza las actitudes de insumisión a la injusticia. Sin embargo no podemos dejar de señalar que políticamente, la objeción es el colmo de la provisionalidad y la excepcionalidad, el último recurso ante la tiranía de una ley injusta. La objeción de conciencia es el argumento final que le queda al que ha renunciado a conseguir un cambio de la legislación y pide, al menos, que no se le obligue a actuar contra su conciencia en algún asunto que considera grave.

HACIA LA OBJECION PERMANENTE: UNA SOLUCION “FORAL” PARA UNA SOCIEDAD PLURAL
¿Cuánto tiempo puede durar una situación de objeción de conciencia? En teoría podría ser de una duración indefinida, pero desde el punto de vista del gobernante un objetor es como un quiste en el organismo político, un elemento extraño al que como mucho sería aceptable tolerar durante algún tiempo limitado mientras se piensa en él como en una pieza sobrante o molesta. Cuando un grupo de personas se plantea la objeción de conciencia es que existe una batalla todavía no resuelta en la que los objetores carecen de otro recurso de presión que no sea su propia conciencia. No es pues una posición de fuerza. Tiene la energía del que ya no puede retroceder más porque está resistiendo en la última muralla, que no es otra cosa sino la conciencia inviolable de cada cual. Pero realmente la objeción es una forma de derrota.

Pensemos en el factor tiempo: ¿cuántos años puede tolerar un sistema político cualquiera que un grupo más o menos minoritario de ciudadanos se oponga de forma constante al cumplimiento de alguna norma común? Desde mi punto de vista solo existen tres soluciones al dilema. O gana el poder legislativo, cuando consigue imponer su ley con todas las consecuencias... o ganan los objetores, si consiguen dar la vuelta a los papeles a base de hacerse con los resortes del poder. Una tercera posibilidad, muy complicada siquiera de plantear hoy en día, consistiría en llegar a una solución de compromiso en la que los objetores dejarían de serlo para pasar a ser “aforados” o privilegiados por alguna asimetría legal.

Esta vieja idea de una ley hecha a medida, realista, prudente y justa se basa en la clásica definición de justicia: "dar a cada uno lo suyo" y respalda el argumento tomista que niega incluso la categoría de ley a cualquier norma que sea injusta, irracional, abusiva... . Según este esquema, -que podríamos identificar fácilmente con la mentalidad del fuero y lo foral- se podría permitir a diversos grupos humanos vivir unidos bajo un mismo marco legal y de autoridad común pero diferenciados en ciertos asuntos clave por algunas leyes particulares o fueros privativos para cada uno de ellos. La aplicación de este principio general, de respeto máximo hacia una conciencia que no es solo individual sino que también es colectiva podría ser aplicable en el caso del médico que se toma en serio el juramento hipocrático, en el de la familia que prefiere educar a los hijos en casa, y hasta en la situación de grandes comunidades políticas, regiones o países enteros, que encuentren motivos suficientes para plantear cualquier objeción. ¿No sería este, por ejemplo, el caso tan reciente y envidiable de los políticos irlandeses y polacos que han decidido luchar dentro de la Unión Europea por un “blindaje” de sus respectivas legislaciones nacionales en materia de vida y familia?

LOS PREJUICIOS HACIA LO FORAL
Con estas pinceladas tocantes a lo foral no pretendo dibujar ningún sistema jurídico-político nuevo ni extraer de la nada una teoría inédita. Se trata simplemente de poner sobre la mesa algunas ideas sobre una solución típicamente medieval -y cristiana- a esos conflictos que siempre han generado las legislaciones unitarias, generales y amplias. Dicho esto me encuentro con una ciertad dificultad a la hora de desarrollar este punto de vista porque da la sensación de que pronunciar el término “fuero” en el mundo del orden jurídico-político liberal triunfante es como si hubiera mencionado la sombra del padre muerto. Vivimos en el occidente postmoderno, cuyo entramado ideológico considera el verdadero año cero de la nueva cronología no el del nacimiento de Cristo sino el de los estallidos revolucionarios de Francia e Inglaterra. Está tan extendido desde entonces el criterio uniformista y totalizador de la ley general, universal, puramente racional, que nos da mucho reparo mirar siquiera de reojo a los modelos del sistema anterior. Los ideólogos del nuevo régimen no admiten ni aún la mera especulación sobre los conceptos antiguos. Hablar de fueros es para ellos algo tan anacrónico como hacer funcionar con un tiro de caballos el último modelo de volkswagen. No se dan cuenta, sin embargo, de que igual de anacrónico e injusto resulta obligar a todos los vehículos, incluidos los viejos carros o hasta a los peatones, a circular a 120 Km por hora.

Si nos liberásemos de los prejuicios mencionados que despierta lo foral podríamos entender que el bien común y la misma idea de organización social no son en absoluto incompatibles con la existencia de sociedades plurales, diversas, policulturales. Para entender esto, sin embargo, es preciso contemplar al conjunto social -cualquier conjunto, desde el municipal hasta el europeo o el mundial- como un cuerpo, no como una masa. Como una estructura, no como un conglomerado. Como un mosaico, no como un puré.

Desde mi punto de vista el temblor de tierra político que actualmente se produce cuando los políticos legisladores se enfrentan a alguna clase de contestación social es porque no han asumido un orden clásico -y netamente cristiano- de las leyes justas que podría servir para apaciguar gran parte de los conflictos. Intentaré resumir la tesis en pocas palabras: la ley justa es aquella que ordena el máximo responsable de cuidar el bien común, es decir, la autoridad, sin propasar el límite de la conciencia de cada persona o grupo social. ¿Por qué no se acepta en el moderno esquema político esta tesis? En primer lugar porque no se comprende la existencia de una autoridad que sea por definición más responsable del bien común que los demás; en segundo lugar porque hay una hipertrofia legal y positivista que no se sabe cómo frenar; y finalmente y no menos importante porque no se cree en la existencia de un alma inmortal que justifique el respeto verdadero a la conciencia individual.

EL BIEN COMUN, LA LEY Y LA AUTORIDAD
El bien común, cuya definición indiscutida es de todo menos común, debe entenderse como un bien supremo que afecta al conjunto de la comunidad y que no necesariamente tiene que responder al bien inmediato de cada una de las partes. Esto se entiende perfectamente en el ejemplo clásico de la amputación del miembro corrupto. Pero por otra parte el bien común no puede ser alcanzado si se niega la personalidad de las partes. Es el eterno debate entre la unidad y la diversidad, el centro y la periferia, lo centrípeto y lo centrífugo, lo general y lo particular. Debate cuya única solución -siempre imperfecta- ha de plasmarse en la ley como expresión de la justicia que da a cada uno lo suyo.

Volviendo al asunto de la objeción diré que, desde mi punto de vista, lo único que puede garantizar no ya la objeción sino lo que podríamos llamar “objeción institucionalizada” o “ley hecha a medida” es la existencia de una autoridad que permanezca centrada en la búsqueda del bien común -a salvo de vaivenes partidistas- y que respete con convicción trascendente el alma de cada ciudadano o grupo de ciudadanos.

UNA VUELTA DE TUERCA: DE LA OBJECION A LA INSUMISION
¿Y qué pasaría si no fuera posible llegar a la aplicación de esta teoría neofuerista sobre la que estoy pensando en voz alta? Mucho me temo que cualquier movimiento objetor que no haga sino retroceder en su influencia no tendrá mas que un único final: la insumisión. El estado, el gobierno, y más si se trata de poderes que confían en las teorías revolucionarias de la voluntad general no se va a permitir el lujo de admitir en su seno un disenso permanente en asuntos graves. Lo lógico será que se esfuerce por apaciguar, asfixiar, reprimir hasta el final cualquier insurgencia hasta conseguir que lo que empezó como una objeción “desde dentro” se convierta en una insumisión marginal que será así mucho más fácilmente expulsada fuera del sistema y presentada como radical y poco razonable. La insumisión colocará fuera de la convivencia general a los antiguos objetores y les obligará a rendirse o a prolongar una resistencia agotadora y martirial no apta para grupos numerosos.

CONCLUSIONES
Una de las pocas ideas nítidas que tengo en política es la de que no es posible el vacío ideológico, ni para la persona, ni para cualquier clase de sociedad. La tesis que planteo pues en esta comunicación es un intento de aportar alguna solución al conflicto que se produce cuando varias cosmovisiones contradictorias se confrontan en un mismo tiempo y espacio político. No creo que sea posible la pura tolerancia a base de dejar el poder al más vacío de todos los ciudadanos. Este sistema, que es el que propugna el nihilismo contemporáneo entrega siempre el poder al más relativista mientras que condena al ostracismo a los políticos con convicciones. Por el contrario, al plantear una reflexión sobre la vieja solución tradicional que daba la Cristiandad al problema del multiculturalismo únicamente he pretendido abrir una ventana a la reflexión. Seguramente para los cristianos más providencialistas parecerá esta propuesta demasiado pobre o conservadora. Porque la fe cristiana, expansiva y misionera como ninguna otra, ha procurado siempre la creación de mundos -y no reductos- cristianos. Creo que conviene sin embargo, desde el punto de vista de la prudencia política, explorar otras soluciones intermedias, no para conformarse con ellas, sino para fijar y detener el retroceso de las estructuras auténticamente cristianas que aún perviven entre nosotros y para hacer posible las misiones del futuro. Las cuales serán muy probablemente, por encima de todas nuestras brillantes estrategias, las que Dios quiera.

F. Javier Garisoain Otero
Licenciado en Historia
Secretario general de la Comunión Tradicionalista Carlista
2 de octubre de 2009

sábado, 13 de diciembre de 2008

¿Qué los partidos son la base del sistema? ¡Y un jamón!


La teoría del sistema político vigente -también conocido como "democracia de partidos"- dice que estas benéficas instituciones son como los pulmones de la democracia. Así, cuando a uno, pongamos por caso, le da una rabieta contra un vice-ministro lo mejor que puede hacer es esperar a las próximas elecciones para golpearle con la papeleta de otro partido en todas sus políticas narices. Verdaderamente hay que ser un poquillo rencoroso para votar así, a sangre fría, recordando la jugarreta que nos hicieron, a lo mejor sin querer, hace tres o cuatro años. 


¿Existe alguna alternativa para participar en la vida política que no sea la partidaria y electoral? Lamento decir que no gran cosa. 

Escribir una "carta al director" es un desahogo, sin duda, pero harían falta mil cartas para cambiar una sola línea del BOE. Salir a la calle en manifestación es un derecho constitucional muy digno, si señor, pero da corte. Recurrir al Defensor del Pueblo es como escribir a los Reyes Magos: hay que creer. Así que no nos quedan mas que los partidos. 

En el registro oficial existen varios centenares, a cual más variopinto. Y sin embargo el 80 por ciento de los españoles se empeña en apostar casi siempre por los dos más grandes con lo cual no sabe la cantidad de matices interesantes que pierde y hace perder. Así es como hemos llegado no a "una democracia de partidos" sino a una "bipartidista". 

Actualmente soy secretario general de un partido político que no es ni la Cocacola ni la Pepsi. Cuando la gente me ve llegar a los sitios sin coche oficial siente un poco de lástima. Pero yo ya lo tengo asumido. Es lo que tiene estar afiliado a un partido en España. Cuando te has hecho con el carnet del equipo ganador todo son ventajas y se te abren todas las puertas. Pero como se te ocurra ser miembro de un partido más bien modesto, con ideales, y sin capacidad decisoria sobre la subvención... date por ninguneado. Tu currículum científico y laboral quedará marcado con un borrón indeleble y sospechoso. Hasta en las mejores familias te verán como una especie de apestado de lepra política. Como si el mero hecho de participar de la única manera que te deja el sistema fuera el mejor sistema de quedar al margen del sistema.

Es evidente que algo está fallando. Y la verdad, a estas alturas me da muchísima pereza tratar de hacerme un hueco en el PP o en el PSOE para cambiarlos desde dentro. Otro día les contaré cómo se hace eso.

F. Javier Garisoain Otero

Licenciado en Historia y político
PUBLICADO EN COPE.ES

jueves, 15 de marzo de 2007

POR QUÉ NO NOS QUEDAMOS EN EL MUSEO

POR QUÉ NO NOS QUEDAMOS EN EL MUSEO

Después de ciento setenta y cuatro años diciendo que el liberalismo es una cosa muy mala este hilillo en que se ha convertido la Tradición típicamente española sigue, y sigue, y sigue. Hemos intentado todo tipo de trucos para desentendernos del problema y poder así dedicarnos a nuestras cosas pero no hemos podido. Si no es uno, es otro. Siempre hay algún “listo” que se cree en el deber de continuar la tarea heredada. Así no hay manera. Hemos probado a perder guerras, e incluso a ganarlas. Pero sin resultado. Hemos intentado influir en la sociedad, hemos escrito, publicado, discurseado. En otros momentos nos hemos refugiado en las catacumbas, o nos hemos dedicado a la conspiración nostálgica. Han vivido entre nosotros artistas enormes como Valle-Inclán, pensadores profundos como Alvaro d’Ors, guerreros de película como Cabrera, apóstoles políticos como Aparisi. Cada uno de ellos hizo lo que pudo por poner un punto final a esta desazón que nos hace seguir siendo carlistas. Y nunca hemos conseguido desaparecer del todo. De las entrañas del carlismo han surgido movimientos que en reduccionismos diferentes creían encontrar el quid de la cuestión, pero todos han terminado aburriéndose antes que nosotros, que sin merecerlo hemos podido comprender que la gracia estaba en la armonía del conjunto. Pasaron los integristas iluminados, cayeron los socialistas medio-materialistas, ya decaen y acabarán pasando los idólatras de la tierra, no parece que vayan a volver los enfermos de principitis. Al final solo quedamos los que sabemos que está muy bien pensado el trilema de Dios, Patria-Fueros, Rey. Los que a veces no entendemos por qué Dios permite lo que permite; los que sentimos pena porque no haya más equilibrio entre los aldeanos y los globalizadores; los que esperamos que un día, cuando nos lo merezcamos, habrá un Rey de verdad.


Y así pasan los años y sentimos que tenemos algo que decir sobre la política, sobre toda esa serie de cosas que pasan desde que sales de casa y hasta que entras en el templo. Nos sentimos huérfanos porque no hay nadie en las tribunas que nos represente. Los lejanos no entienden nada y los más próximos son una fea caricatura. Y así es como se nos ocurre que hay que salir, que hay que decir algo, que hay que hacer política de la buena. Que lo que mueve el mundo son las ideas distintas, y no te digo nada si además son buenas.

De pronto llegan las elecciones forales aquí, en Navarra, y alguien -que somos nosotros- tiene finalmente que salir y decir al menos tres cosas al típico partido malminorista que tiene la costumbre de engordar con los votos de nuestra gente. Y les decimos:

1º. Que en el campo de las políticas que podríamos llamar familiaristas o pro-vida es verdad que tenéis alguna excepción a título individual, pero como grupo estáis haciendo una política seguidista del PP, tolerando el aborto y la manipulación de embriones, la abolición del matrimonio como Dios manda, o la degradación de la educación. No podemos estar contentos.

2º. Que en el ámbito propiamente político-social estamos en las antípodas; porque en ningún momento habéis propuesto la más mínima reforma del sistema para abrir cauces de participación social (como podrían ser las listas abiertas, o el cheque escolar, por ejemplo) sino que, por el contrario, mantenéis una concepción estatalista, partitocrática, hiper-legalista y que promueve la profesionalización de la política.

3º. Por último, la defensa de la identidad de Navarra que teóricamente os caracteriza no impide que os avergoncéis de la historia más reciente de Navarra, de sus verdaderas raíces católicas y tradicionales; y por si fuera poco no os importa incluir a menudo en vuestro discurso un componente anti-vasquista que reniega de la cultura vasca como parte inseparable del ser mismo de Navarra.

Eso es todo por el momento. En esta ocasión nos ha parecido oportuno decírselo a la cara, presentando una candidatura alternativa al Parlamento puesto que es lo único que puede inquietarles. No sabemos hasta que punto servirá, pero una cosa tenemos clara: seguimos siendo carlistas. Y por tanto nos hemos ganado el derecho a protestar.

F. Javier Garisoain Otero
Presidente de la Junta Carlista de Navarra (CTC)
15 de marzo de 2007

PUBLICADO EN AHORA INFORMACION

jueves, 1 de junio de 2006

¿QUÉ PASA EN NAVARRA? Cosicas de Navarra entre mayo y junio de 2006

¿QUÉ PASA EN NAVARRA? Cosicas de Navarra entre mayo y junio de 2006

Por F. Javier Garisoain

Con la llegada del buen tiempo el Año Javierano acerca todavía más visitantes (ya va medio millón) al Santuario de Javier. Ahora toda la ilusión de los responsables diocesanos está centrada en la organización del Encuentro Nacional de Jóvenes que se celebrará entre Pamplona y Javier del 4 al 6 de agosto. Pero no todo es javierismo en Navarra. A lo largo del mes de mayo ermitas y santuarios marianos han recibido las tradicionales romerías y si sumamos a éstas las celebraciones que protagoniza la imagen itinerante de San Miguel de Aralar, o las recientes celebraciones del Corpus, veremos cómo la religiosidad navarra vive, de rentas, pero vive.

Y hablando de rentas; como en el resto del mundo también en los cines navarros se proyectó la pelicula de Dan Brown. La respuesta fue muy tímida, apenas un reparto de panfletos el día del estreno, y una buena conferencia de José Antonio Ullate, carlista navarro autor de “La verdad sobre el Código da Vinci”.

Y es que la historia se ha convertido en el centro de la manipulación contemporánea. En el capítulo de la llamada “memoria histórica” lo que hay por aquí es un diálogo de besugos. Los revanchistas no paran de hablar de los fusilados de 1936. Los conservadores, que podrían decir muchas cosas sobre el 36, o sobre el 34, sólo se acuerdan del 78. Bueno, últimamente también se acuerdan del Reyno medieval para atraer turistas, lo malo es que ya están los grupos nacionalistas intentando darle la vuelta para presentar aquel reino como la legitimación política de su Euskadi y no sabemos si esa derecha que reniega de la cultura vasca será capaz de aguantar el embate.

Pero volviendo al siglo XXI; la Navarra política -muy afectada por el maremoto del proceso-trampa de diálogo con ETA- está como sigue: Hace unas semanas se han dado a conocer los resultados de una macro-encuesta oficial llamada vulgarmente “navarrómetro”. UPN, el partido “del bienestar”, cuya mejor carta de presentación es la pura gestión económica, sigue siendo el partido más votado. Pero es un partido lisiado, que secuestra el voto de los católicos navarros conscientes y luego se encuentra atado por sus complejos y por el pacto de gobierno con CDN. Este pequeño partido se ha convertido, por desgracia, en la bisagra progre del gobierno foral. Y UPN se acompleja todavía más. Y no se nota a sus diputados en Madrid. Y convoca un acto bajo el lema “Unidos por Navarra” pero a puerta cerrada, sólo para los suyos, a pesar de hay mucha gente harta como se vió en la última visita de Otegi a Pamplona. Y hace el gesto de cesar como consejero a José Ignacio Palacios, uno de los pocos que se atrevía a defender en público criterios decentes.

En la oposición, la amenaza de un tripartito Partido Socialista-Nafarroa Bai- Izquierda Unida cobra fuerza aunque está por ver hasta dónde llegará el PSN y qué candidato -controlado por ZP- se atreverá a hacer de Judas. Lo mínimo que van a exigir los nazionalistas-vasquistas será un órgano común permanente con Vascongadas, además de la alcaldía de Pamplona y todo el lote de política progre-zapateril. En cuanto a Batasuna pudiera ser que volviera con otra “marca” o incluso que llegara a integrarse en Nafarroa-Bai. No dejan de hablar de Navarra, y siguen sin condenar el terrorismo y la extorsión, y se dejan querer porque saben que tal como están las cosas de sus votos dependerá un cambio de gobierno.

Aparte de la tormenta política la vida sigue. La crisis de Volkswagen tocó fondo en estas semanas pero de pronto ha vuelto a ver la luz. Es el momento de pensar en las alternativas al monocultivo industrial con la promoción de nuevas tecnologías y no tanto por la simple sustitución de un monstruo -Volkswagen- por otro -Toyota-. En cualquier caso tal vez pronto la primera empresa navarra en número de empleados sea la Universidad de Navarra.

Otra gran empresa es Osasuna, que cerró la mejor temporada de su historia. Y así, con el fútbol y la tele la sociedad pierde pulso. Surgen buenas iniciativas por todas partes -familiaristas, pro-vida, religiosas-, pero faltan manos para llevarlas a cabo, aunque hay excepciones, como el voluntariado ejemplar de los Donantes de Sangre.

La novedad mediática en estos meses es la aparición de una edición regional de la revista Epoca en la línea contundente del grupo Intereconomía. En el medio más influyente, Diario de Navarra, hay una nueva directora mientras que algunos accionistas siguen en alerta ante los intentos de cambiar el art. 11 de sus estatutos que posibilitaría la venta de acciones y una posible pérdida del Diario. Tampoco podemos dejar de reseñar la labor que desde Navarra realiza la pequeña pero activa Asociación Plaza del Castillo, entidad impulsora en toda España de la campaña que invita a apagar la tele cada 10 de mayo bajo el lema: “Por una TV de calidad, un día 10 sin televisión”.

Y termino como empecé. Hablando de religiosidad popular y de cómo en medio de este panorama el carlismo navarro -los restos del naufragio- sigue vivo. El pasado 25 de junio la CTC de Navarra peregrinó por decimoséptimo año consecutivo a la cumbre de Aralar para rezar a San Miguel. Ya no estaba entre los peregrinos Carlos Etayo, recientemente fallecido (quinientos años después que Cristóbal Colón) pero había juventud y había fe. Y eso es importante.

PUBLICADO EN AHORA INFORMACION.

jueves, 2 de marzo de 2006

Historia de las Javieradas

La primera javierada, o la gran javierada, fue la vida santa de quien hizo famoso el nombre de Javier por todo el mundo: San Francisco de Javier, cuyo quinto centenario se celebra el próximo viernes 7 de abril de 2006. A partir de ahí, lo que no era sino un pequeño castillo del reino de Navarra, se convirtió en la cuna visitable de alguien admirable. Y lo que pudo haber sido, como tantas otras fortalezas, una ruina nostálgica, llegó a ser finalmente, el castillo más altivo de entre los navarros. Grandes o pequeñas, siempre hubo peregrinaciones al castillo y pueblo de Javier. La mayor concentración que se recuerda es la que reunió en Javier, en 1886, a decenas de miles de navarros con ocasión de la última epidemia de cólera vivida en el siglo XIX. Hubo además otras ocasiones: familiares, esporádicas, jesuíticas, escolares, conmemorativas de cualquier centenario... Pero ninguna de ellas llegó a la categoría de "cita anual". Y ninguna se llamaba entonces "javierada".

La palabra "javierada" se la inventó un obispo navarro, don Marcelino Olaechea, para referirse a ese otro acontecimiento histórico que había hecho rebuscar en las páginas de Shakespeare a los eruditos el nombre del pequeño reino hispánico. "Navarra será el asombro del mundo" decía la cita del escritor inglés, sacada de contexto, que fue desempolvada y admirada, como una profecía cumplida, en los años dramáticos de 1936-1939. Por aquellos años apasionados, cuando los católicos españoles hablaban de "Cruzada" y creían en la ³Cruzada² la palabra javierada surgió fácilmente, por asociación de ideas, abusando de un sufijo que no indica mas que sobreabundancia. Cruz y cruzada. Javier y javierada. Inmediatamente después la javierada comenzó a ser -además- la peregrinación a Javier que se hace masivamente en cuaresma, dentro de la ³Novena de la Gracia² que comienza el 4 de marzo.

La entidad que institucionalizó desde 1940 la peregrinación anual a Javier es la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. Hermandad canónica, erigida por el citado Monseñor Olaechea y constituida por excombatientes navarros para "mantener el espíritu de la Cruzada" que habían vivido. Con ese mismo espíritu; abrigados del frío de marzo por los capotes de guerra convertidos en hábito; presididos por las mismas cruces que les habían acompañado en los frentes; así se iniciaron las javieradas. En los años siguientes otras instituciones y la diócesis de Pamplona en pleno se fueron sumando a una peregrinación nueva que parecía milenaria, y original y auténtica.

Las javieradas son una de las peregrinaciones más importantes de todas las que se celebran hoy en día en España, por cantidad de participantes y por hondura religiosa. Se parecen al camino de Santiago, pero son menos intimistas. Se parecen a un reto deportivo, pero son una expresión de fe. Se parecen a las romerías marianas que se multiplican en primavera, pero son más masculinas. El modelo de santidad de San Francisco de Javier, misionero, vigoroso, apostólico, impaciente, apasionado, impetuoso... ha sido y es todavía en Navarra un patrón vivo que se mantiene profundamente arraigado en el subconsciente familiar como prototipo del navarro. Todos los pueblos cristianos tienen su propio modelo. Son prototipos que forman un riquísimo abanico de virtudes y carismas. Los hay intelectuales, caritativos, místicos, pedagógicos, prudentes... los navarros de fe, desde la más tierna infancia, hemos sabido que nuestro modelo era el de un misionero fuerte y decidido.

No es casualidad, por tanto, que las javieradas se iniciaran hace ahora 66 años. Sin Javier y su patronazgo tan arraigado ¿qué hubiera sucedido en la Navarra de 1936?. En aquel momento dramático, el pueblo navarro, mayoritariamente, se levantó en armas contra el poder constituido. Soy consciente de cómo el tabú oficial impide el planteamiento de estas reflexiones. Pero lo que es indudable es que sin ese "alzamiento", claro está, no hubiera surgido en 1940 la idea de peregrinar a Javier en acción de gracias.

Son muchos los factores que pueden lanzar a un pueblo a sublevarse contra su gobierno. Pero uno de ellos, sin duda, es la existencia de brújulas como la que representa San Francisco Javier. Un modelo que ha influido y algo más: ha funcionado.

Javier Garisoain


PUBLICADO EN REVISTA ARBIL NUMERO 103

sábado, 30 de abril de 2005

CIUDADANOS O VECINOS

CIUDADANOS O VECINOS

Por F. Javier Garisoain Otero

Presidente de la Junta Carlista de Navarra (CTC)

El Gobierno de Navarra acaba de aprobar otro plan, la Estrategia Territorial de Navarra, con la que pretende dirigir el desarrollo de nuestra región durante los próximos veinticinco años. Ahora el Parlamento tendrá que dar su visto bueno y todo parece indicar que será una mera cuestión de trámite.

Estoy seguro de que se trata de un plan concienzudo y lleno de propuestas lógicas y bien calculadas. Pero temo que el éxito de la empresa que gestiona el Gobierno foral sea al mismo tiempo un suicidio político. Porque Navarra no es una empresa sino una comunidad política. Temo que nuestros gobernantes y legisladores estén olvidando que Navarra es un pueblo, una historia, una gente, una tradición y me preocupa que no piensen mas que en categorías de redes comerciales, entes administrativos, trámites burocráticos y energías que fluyen.

La ETN planifica, prevé y configura tres núcleos económicos bajo el concepto de “ciudad-región”: la comarca de Pamplona, el valle del Ebro y el “miniarco atlántico”. Es una forma como otra cualquiera de desarticular y desmembrar este viejo reino, porque la única ciudad-región netamente Navarra será una Pamplona desmesurada. A la estrategia economicista del Plan, por pura lógica económica, se le escapará el Noroeste hacia Guipúzcoa. Y se le disgregará la Ribera entre Logroño y Zaragoza. Las antiquísimas Merindades, que merecían haber sido amejoradas y no eliminadas, han sido definitivamente sustituidas por un esquema macrocefálico que coloca en Pamplona no sólo la cabeza sino el cuerpo entero de la Región. No solo la administración sino también la industria, el comercio, la cultura... la vida en fin.

El resto de comarcas, valles, cendeas y ayuntamientos navarros hasta donde alcance el magnetismo comercial de la Urbe quedarán, según la ETN, a merced y en función de una única ciudad-región. Como si no fueran mas que hojarasca muerta.

No digo que sea mala la intención de los planificadores. Hay que ordenar. Hay que prever. Hay que planificar. El problema de fondo es que los planes del gobierno trabajan con ciudadanos, no con vecinos. Con votos, no con opiniones. Con cantidades, no con calidades. El problema de fondo es que ese afán de los nuevos tecnócratas ilustrados coincide de hecho con la comodidad de una “ciudadanía” cada vez más apática. El problema, político, es que los ayuntamientos ya no son la reunión de los vecinos sino empresas que gestionan el nombre de cada localidad como si fuera una marca de ropa. El problema, social, es que los vecinos ya no quieren o no pueden ser vecinos y se acomodan en la condición de simples ciudadanos.

Vecindad o ciudadanía, esa es la cuestión. Llegar a ser un vecino responsable o conformarse con ser un ciudadano consumidor, esa es la elección que hemos de hacer cada uno. Ser un buen vecino es incómodo y tan difícil como ser libre, o sea, responsable. Hay que saludar a los demás, hay que echar raíces y ser patriota de la patria chica. Para ser un buen ciudadano en cambio basta con dejar hacer. ¡A quién le importa si un ciudadano está de paso, o si odia a la humanidad!. La ciudadanía de la que tanto hablan el presidente Rodríguez y casi todos los miembros de la clase política profesional responde a una concepción individualista con la que buscan, aunque no se atrevan a confesarlo, sustentar una especie de nuevo totalitarismo democrático sobre la masa desarticulada de ciudadanos cómodos. El concepto tradicional de vecindad que los carlistas nos atrevemos a contraponer como fundamento de cualquier estrategia territorial no piensa en masas sino en comunidades, no en individuos sino en personas.

Soy consciente de que nuestra propuesta es difícil e incómoda. Un vecino no lo espera todo del gobierno porque la mayoría de sus problemas los resuelve o los afronta en vecindad, subsidiarimente. En cambio el ciudadano no tiene mas que marcar el 092 para que venga la policía a resolver sus asuntos “que para eso les pagamos”. Es más fácil ser ciudadano que vecino. Pero también las piedras sufren menos que las personas. Y el caso es que han decidido -dicen que por nuestro bien- que seamos piedras. ¿Es eso lo que queremos?

30 de abril de 2005

PUBLICADO EN AHORA INFORMACIÓN

lunes, 1 de mayo de 1995

HISTORIOGRAFIA RECIENTE SOBRE CARLISMO (1985-1995)

HISTORIOGRAFIA RECIENTE SOBRE CARLISMO (1985-1995)

El carlismo, el movimiento político contrarrevolucionario que mayor desarrollo alcan­zó de entre toda una serie de fenó­me­nos europeos simi­lares y coetáneos, levanta todavía pasio­nes y hace correr ríos de tinta. Así ocurre al menos entre los historiadores que, en algún momento de su carrera, se han acercado a estudiar­lo.

Desde que Jaime del Burgo Torres escribiera su conocida y monu­mental obra Bibliografía del siglo XIX, guerras carlistas y luchas políticas, cuya última revisión vió la luz en 1975, el car­lis­mo empezó a ser objeto de una importante cantidad de estudios y publicaciones de tipo histó­rico. Duran­te algunos años, al hilo de la revolución ideológi­ca liderada por Carlos Hugo de Borbón-Parma, se abrió camino una tendencia historio­gráfica marxista que "explicaba" el fenómeno car­lista como una especie de proto-socialismo español. En esa línea se inscri­ben las publicaciones de José Carlos Clemente, F.García Villa­rrubia, X.C.Barreiro o Jordi Canal.

Pero es desde mediados de los años ochenta, especial­mente a partir del nacimiento de la ya veterana Revista de Historia Con­temporá­nea APORTES, cuando tiene lugar un verdadero "redes­cubrimien­to" del car­lis­mo histó­rico.

En efecto, esta revista cuatrimestral, fundada y dirigida durante años por el profesor de la Universidad de Zaragoza Francisco Asín, a quien ha sucedido recientemente en el cargo el joven doctor y espe­cialista Alfon­so Bullón de Mendoza, ha actuado de catali­zador de nume­rosas investigaciones.

En el número 17 de APORTES, Margarita Vives Agurru­za recopilaba nada menos que 131 referencias de artículos publi­cados en revistas de histo­ria españolas entre los años 1981 y 1991. Esto nos da una idea del volumen de lo publicado sobre historia del carlismo, y más cuando debemos añadir a esa cifra los artícu­los que han visto la luz en los últimos cuatro años.

Por su parte, el conocido historiador Stanley G. Payne, en una confe­ren­cia pronun­ciada en Madrid en 1988, citaba como básicas para entender el primer carlismo dos obras de 1986 y 1984 respecti­vamente: Carlismo y sociedad de los ya nombra­dos Asín y Bullón, y The basque phase of Spain's first car­list war, de John Cover­dale (Univer­sidad de Prince­ton). La verdad es que nuestros conocimientos sobre la primera Guerra Carlista han avanzado enormemente en los últimos diez años gracias a profundos estudios regionales de historiadores como Josep Mª Mundet i Gifre o Manuel Lladonosa i Vall-Llebre­ra para Catalu­ña; Rosa María Lázaro o Renato Ba­rahona para Vas­congadas; Angel Ramón del Río Aldaz o Juan Pan-Montojo para Navarra; Francisco Asín para Aragón; M.A.Sánchez Gómez para Cantabria y también, por supuesto, gracias a los trabajos del mismo Alfon­so Bullón, entre ellos su extensa y práctica­mente definitiva obra La primera guerra carlista.

Otros aspectos y períodos de la historia del carlismo han sido también abordados por Julio Montero Díaz, doctor por la Uni­versidad de Navarra, en su tesis felizmente publicada y titu­lada El Estado Car­lista. Principios teóri­cos y práctica política (1872-1876)"; y por Manuel de Santa Cruz, que con sus Apuntes y docu­mentos para la historia del tradicionalis­mo español (32 Volúmenes que abarcan desde 1939 hasta 1966) ha puesto las bases para próximos estudios de historia reciente del carlismo que ya están en preparación.

Sobre pensamiento carlista destacamos el reciente y magnífico libro de la Dra. de la Universidad de Dallas, Ale­xandra Wilhelmsen, La formación del pensamiento político del carlismo (1810-1875), de consulta obligada a partir de ahora, y algunas tesis doctorales como la del joven mejicano Rodrigo de Val Martín sobre la filoso­fía política de Juan Vázquez de Mella o la de Margarita Santos sobre el tradiciona­lismo de Valle-Inclán.

En cuanto a la participación del carlismo en la Guerra de 1936-1939, el cincuenta aniversario de la misma animó sin duda la publicación de libros entre los que destacan los dos volú­menes de Julio Arós­tegui sobre las milicias de requetés, las diversas publicaciones de Rafael Casas de la Vega, y algunas imprescin­dibles biogra­fías individuales como la del requeté italiano Alfredo Ron­cuzzi o la de Javier Nagore Yárnoz. Como biografías colecti­vas po­dríamos citar la publica­ción de Salva­dor Nonell sobre el laureado tercio de requetés de Nuestra Señora de Montserrat o la historia del tercio riojano de Valvanera, de Manuel Bello­sillo.

Además, sobre historia del carlismo en general, se han publicado en los últimos años otros interesantes libros como el Cancionero histórico carlista de Bonifacio Gil; el libro de Jose Luis Vila-San Juan editado el pasado año por Planeta Los Reyes carlistas. Los otros borbones; la publicación que bajo el título genérico de Las guerras car­listas recoge las inter­venciones del Curso de Verano de El Esco­rial dirigido por Alfonso Bullón en 1992... Y qué mejor que cerrar este elenco historiográfico citando el último libro de Jaime del Burgo Torres: Carlos VII y su tiempo, leyenda y realidad presenta­do recientemente.

Todo este esfuerzo historiográfico y editorial no hubiera sido posible sin el apoyo y el empeño de varias entidades. Ya hemos desta­cado el papel de APORTES como elemento dinamizador de estos estu­dios, pero al hablar de APORTES hay que hablar también de la Edito­rial ACTAS y, trabajando en estrecha cola­boración con ésta, de la Fundación Luis Hernando de Larra­mendi que, nacida en 1988 viene otorgando un prestigioso premio anual de histo­ria del carlismo que ya va por su quinta convo­catoria.

Algunas instituciones públicas que están apoyando esta renovación de estudios sobre el carlismo son el Gobierno de Navarra, la Fundación Sancho el Sabio de Vito­ria, la Diputa­ción de Guipúzcoa y el Museo Zuma­lacárregui depen­diente de ésta. También está siendo fundamental en este sentido el res­paldo de diversas uni­versi­dades españolas, entre las que sobresalen la Universi­dad de Navarra, y la Universidad Complu­tense, que ha dedi­cado al tema dos Cursos de Verano en El Escorial (años 1992 y 1993); al igual que la Universidad americana de Madison-Wisconsin, organizadora en mayo de 1994 de un curso dirigido por Stanley G. Payne.

Por último, no podíamos dejar de citar la aportación de otros organismos como la Sociedad de Estudios Históri­cos de Navarra, entidad orga­nizadora de los Congresos Genera­les de Historia de Navarra; las Publicaciones de la Abadía de Montse­rrat y otras funda­ciones catalanas que tratan de promover estudios y museos sobre carlismo; o la recien nacida Fundación de Amigos de la Historia del Carlismo.

En definitiva, 162 años después, el carlismo sigue lla­mando la atención de los historiadores y es que, como dice Payne, representa algo más que "la gran causa perdida" del siglo XIX. Todavía está sin responder definitiva­mente el inte­rrogante: "¿cuánto ha influído el Carlismo de un modo efectivo en la España contemporánea?".

F. Javier Garisoain Otero
Mayo de 1995

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